¿Por qué vas a ser manipulado durante las próximas campañas electorales? I Parte

Tenía pensado escribir sobre una de las personas con trastorno mental grave con la cual trabajé y sobre la identidad y el sufrimiento que genera la fractura de ésta. Pero no he podido resistirme al inicio de la larga carrera electoral que nos va a entretener durante el presente año: ¿Somos realmente vulnerables a la persuasión de los políticos y de los grupos de comunicación que les son afines? Como soy psicólogo y trabajo en la Universidad, voy a hacer gala de ello y voy a intentar responder esgrimiendo de forma accesible la evidencia científica de la que disponemos.

Uno de los experimentos que realizo con mis alumnos es el siguiente. Les proyecto un breve video de un accidente de automóvil en el que en un cruce un turismo choca contra un camión. Les doy la simple instrucción de que presten atención a la escena. Ellos esperan algún tipo de tarea posterior pero no ocurre nada. Después de dos o tres semanas, les recuerdo la escena y les pregunto sobre la velocidad en la que el turismo sufrió el accidente. Sistemáticamente la mitad de la clase estima una velocidad significativamente superior a la otra mitad. Evidentemente la pregunta por la velocidad que formulo es ligeramente diferente para cada grupo. A una mitad de la clase se le pregunta por la velocidad a la que el turismo impactó contra el camión y a la otra mitad por la velocidad a la que el turismo contactó con el camión. La utilización de un verbo u otro modifica el recuerdo de sujetos que han sido testigos de un mismo evento. Es lo que llamamos efecto de la desinformación debido a una interferencia retroactiva. Este paradigma experimental fue creado por Elizabeth Loftus en los años 70, una de las psicólogas más prestigiosas en el campo de la memoria de testigos. Por cierto, hoy es 8 de marzo, felicidades a todas las mujeres, y en especial, a las mujeres investigadoras.

Volvemos al tema. Lo que nos demuestra este experimento es que la información sugerida sobre un evento, en este caso dentro de la misma pregunta, y antes de la recuperación, “como un caballo de Troya”, modifica nuestros recuerdos. Y sabemos que la sugestionabilidad aumenta en tanto aumentamos el intervalo entre el suceso y el recuerdo. También aumenta el poder de la manipulación dependiendo de la autoridad que disfruta la persona que hace las sugerencias sesgadas. El efecto de la desinformación se ha replicado con eventos de todo tipo. Incluso con métodos experimentales se han implantado recuerdos falsos de eventos complejos como sucesos en la infancia o, por ejemplo, haber participado en una ceremonia religiosa en la que nunca se estuvo. ¿Hasta qué punto el recuerdo de las decisiones y de las acciones de nuestros políticos no está siendo continuamente transformado por medio del efecto de la desinformación? Por ejemplo, ¿Realmente no fuimos rescatados por Europa como afirma nuestro presidente? ¿O sí? ¿O no fue un rescate, sino una línea de crédito, o apoyo financiero o una inyección de fondos? ¿Qué recuerdas?

Otro de los modelos que pueden explicar nuestro comportamiento en tiempo de elecciones son los modelos de conformidad. Ash diseñó un experimento interesantísimo. Lo que quería estudiar Ash es hasta qué punto las personas podían seguir tomando decisiones independientes sin someterse a las presiones de grupo. Para ello explicó a sus sujetos experimentales, estudiantes de psicología, que iban a ejecutar una prueba de percepción. Tenían que decidir entre tres líneas verticales cuál era la más larga o cuál se asemejaba más a una línea modelo. La tarea era más que sencilla, era obvia, a no ser que se padeciera algún déficit visual grave. En cada prueba sólo un sujeto era el experimental, el resto entre 7 y 10 estudiantes, eran cómplices. De las 18 comparaciones de líneas que componían cada sesión en 12 todos los cómplices elegían de forma acordada una línea incorrecta. ¿Qué pensáis que hacían los sujetos experimentales? El 37% de los sujetos experimentales se dejaban llevar por la presión del grupo ante una tarea perceptiva evidente. Además, algunos sujetos afirmaban tras ser preguntados que realmente habían decidido lo que habían visto ¿Qué ocurrirá ante una decisión más compleja? Por ejemplo, votar en las elecciones ¿Cuál es la razón de la importancia que otorgan los partidos políticos a las encuestas? Las encuestas generan opinión no sólo son un reflejo de la opinión de la sociedad. ¿Por qué en cada medio y últimamente, cada semana, tenemos una encuesta en los periódicos? ¿Por qué la preocupación por llenar los espacios en los eventos electorales? Somos seres gregarios, sobre esto hablaré otro día, y mostrar desacuerdo explícitamente en grupo es muy costoso y desagradable. Estos dos experimentos nos muestran hasta qué grado somos sugestionables. Schacter, eminente psicólogo, afirma que la sugestionabilidad era uno de los siete pecados de la memoria. Más tarde hablaremos de otros.

Aquí tenéis un enlace de tan sólo unos minutos en el cual se recrea este paradigma de Asch:

Pero esto no queda aquí. La cosa es más grave. En los años 30 del pasado siglo Barlett, en una obra llamada Remembering, describe uno de los experimentos más sencillos e interesantes de la psicología de la memoria. Barlett entregó un cuento “La guerra de los fantasmas” a sus sujetos experimentales para que se lo aprendieran. Barlett observó que cada vez que pedía que recordasen el cuento a sus sujetos experimentales tras demoras crecientes, éstos transformaban el cuento de una forma muy característica. Se eliminaba información o detalles, pero no de una forma aleatoria. Se eliminaban los detalles o la información que no eran compatible con las expectativas, las creencias o los esquemas de éstos. Por ejemplo, los contenidos sobrenaturales no eran recordados por los sujetos provenientes de zonas urbanas y sí por otros sujetos de áreas rurales para los cuales formaban parte de su cultura. Como diría Barlett “Lo que recordamos es más una cuestión de construcción que una cuestión de reproducción”. Es decir, que manipulamos nuestros recuerdos para adaptarlos a nuestros esquemas. Es lo que podemos llamar una especie de sesgo de confirmación. Prestamos atención a la información que confirma nuestras ideas y olvidamos la contraria. Y es que la disonancia cognitiva, el estrés entre ideas contradictorias que albergamos al mismo tiempo o la incoherencia entre nuestras acciones y nuestras creencias, es muy costosa. Es lo que Schacter llamaría el pecado de la omisión ¿Por qué tendemos siempre a escuchar, leer o atender los medios de comunicación que comparten nuestra ideología?

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