Los cruzados arrojaban cabezas dentro de las ciudades, hoy las catapultas no son necesarias (primera parte)

Cuentan las crónicas que los cruzados dirigidos por Godofredo de Bouillon en el asedio de Jerusalén catapultaron cabezas de musulmanes capturados dentro de la ciudad para aterrorizar y debilitar la moral de los defensores. Hoy en día se siguen catapultando cabezas, sólo que no son necesarias catapultas. Hay métodos muchos más eficaces para extender el terror: Youtube y la falta de auto-control de los mass media. Los yihadistas lo saben y son expertos.

¿Os acordáis cuando toda España se encontraba casi en estado de pánico debido a la supuesta extensión del virus del Ébola? ¿O el miedo que recorrió toda Europa cuando se retransmitieron en directo los asesinatos de “Charlie Hebdo” también en Paris? ¿El suicidio del piloto de un Airbus en los Alpes? ¿La ya confirmada bomba del avión ruso sobre Egipto? Por poner sólo algunos ejemplos de respuesta emocional colectiva. Nos tienen entre una y otra ola emocional, algunas más intensas que otras, sin dejar que nos paremos a pensar.

Los efectos de la histeria transmitida no se han hecho esperar. Estampidas de multitudes en la Plaza de la República ante un sonido inesperado, terror debido al estallido de una bombilla, suspensiones de eventos deportivos o culturales ante rumores. Este es nuestra máxima debilidad: el terror psicológico. Y los terroristas lo saben.

No sólo hemos sido espectadores distantes de estos trágicos acontecimientos, sino que los hemos vivido en primera persona y en tiempo real. Pero, paradójicamente, nunca hemos sido tan vulnerables a la manipulación. Y ello gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación y a unos mass media que priorizan las emociones por encima de la información rigurosa en pos de las audiencias, hasta llegar a la pornografía emocional. Hay que recordar que tragedias como la que hemos vivido en Paris este fin de semana acontecen todos los días en Siria, Irak, Turquía, Palestina. Sin que este dato sirva para empequeñecer el dolor y el sufrimiento que sentimos, tan sólo para contextualizar en qué mundo vivimos e intentar no dejarnos llevar por la ola.

Explotan las imágenes y la tragedia hasta la extenuación y no tienen pudor en ofrecer noticias que en pocos minutos contradicen sin pensar en las consecuencias (por ejemplo, el número de españoles muertos o el origen del pasaporte sirio hallado en el lugar de una de las masacres).

Este estilo informativo provoca que cientos de miles de personas sufran cambios radicales en sus organismos. Aunque no hayamos sido conscientes de ello, nuestro corazón y nuestro ritmo respiratorio se incrementan. Entre otras hormonas, las llamadas catecolaminas y los clucocorticoides aumentan su concentración en sangre. En definitiva, nuestro cuerpo activa sus fuentes de energía, e incluso suspende actividades, en un principio innecesarias, como la digestión, con un objetivo: huir o luchar. Las dos conductas innatas de respuestas al estrés. Esta transformación radical de nuestro cuerpo hubiera sido funcional si estuviéramos en el lugar de los acontecimientos. Nos podría salvar la vida. Pero, totalmente inútil y contraproducente si vivimos a miles de kilómetros de los hechos. Contraproducente porque estos cambios fisiológicos modifican nuestra percepción y cognición. En definitiva, modifican nuestra capacidad para razonar adecuadamente, sobre todo si esa activación fisiológica se prolonga en el tiempo. Solamente hay que pasearse por las redes sociales para ver las estupideces y barbaridades que se arrojan. Además, este estrés inútil empeora nuestra salud.

En otros momentos de nuestra historia, acontecimientos iguales o más trágicos que los sufridos causaban estrés fisiológico tan sólo a poblaciones próximas al núcleo del evento, mientras que hoy afectan a toda la población mundial en tiempo real. ¡Qué difícil era extender el terror y qué compleja la actividad terrorista entonces! Ahora es más fácil, no sólo por la mera existencia de medios tecnológicos que lo permiten, repito, sino por un estilo periodístico que prima lo emocional, lo inmediato, la espectacularidad a la moderación y lo interpretativo a lo meramente factual.

Las primeras víctimas del terrorismo son las vidas cruelmente sesgadas en esta última masacre y en las masacres que continuamente acontecen en otros lugares (no lo olvidemos). Pero la segunda víctima es nuestra capacidad de razonar adecuadamente de forma crítica. Ante la ola emocional no se permiten matices y los matices son los que nos permiten acercarnos a la realidad. Hay que recordar, especialmente hoy en día, que la razón crítica es inseparable de la ilustración, la ilustración madre de la Revolución Francesa y ésta es la que hizo posible nuestros estados democráticos: separación de poderes, igualdad de oportunidades, laicismo y defensa de las libertades individuales.

A corto plazo el objetivo de los terroristas son nuestras vidas, a largo plazo el objetivo final es la destrucción de nuestra razón crítica. Que no se nos olvide cuando tengamos que decidir entre seguridad y libertad.

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4 comentarios en “Los cruzados arrojaban cabezas dentro de las ciudades, hoy las catapultas no son necesarias (primera parte)

    • Con la razón crítica me refiero, por una parte, a las capacidades de análisis lógico, racional de la realidad siempre desde la autonomía y la independencia y basados en datos empíricos. Facultades de las que todos disfrutamos simplemente por ser humanos. Y por otra parte, y en esto la razón crítica se diferencia del positivismo cientifista ramplón propio de Comte, en la certeza de que nuestro sistema cognitivo es limitado y nuestra razón no es omnipotente. Por ello la razón crítica nunca sacralizará un punto de vista. Ni siquiera el suyo. Nunca podremos acceder a la realidad absoluta porque lo que conocemos son perspectivas. La razón crítica siempre está alerta ante las emociones y las creencias religiosas, pero no las desprecia, como el positivismo, y las pones al mismo nivel que las creencias políticas, o incluso científicas.

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