La Navidad no es fácil

Tengo grabadas en mi mente las tres Noche Buenas que pasé trabajando en Casas Hogares con personas con trastornos mentales graves. Las navidades eran muy difíciles porque el fracaso y la soledad se hacían muy evidentes. Algunos residentes se percataban entonces lúcidamente de su situación, lo cual era más que doloroso, otros, quizás más afortunados, agudizaban sus delirios y conductas más extravagantes. Los brotes no eran extraños por esas fechas. Por más que intentábamos crear una atmósfera familiar y confortable, la Noche Buena me parecía una secuencia de una película de Passolini, entre grotesca, cómica y desacogedora.
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