Poder y política en España tras las Elecciones Generales

En mi asignatura del Máster oficial de “Salud y migraciones internacionales” introduzco contenidos relacionados con el “poder”. El poder es un concepto no muy tratado fuera de la sociología, la filosofía y la antropología, aunque no es completamente desconocido para la psicología y las ciencias de la salud. El alumnado se sorprende de la inclusión de este concepto en el programa. A pesar de que los alumnos y las alumnas presentan un desconocimiento científico de este concepto, identificándolo con los conceptos de violencia, agresión o dominio, rápidamente muestran un gran interés por el mismo ya que éste penetra transversalmente todas nuestras relaciones sociales. Evidentemente, el poder tiene una acepción negativa: control, influencia, dominio, etc. Pero también tiene una dimensión positiva: persuasión, consenso, construcción del conocimiento. Para Foucault (2008), todo conocimiento proviene del establecimiento de un poder en concreto. Por ejemplo, la aparición de la estadística puede situarse alrededor del nacimiento del estado moderno y su necesidad de contabilizar, situar y controlar grandes masas de población.

De hecho, el poder lejos de estar relacionado con el ejercicio de la violencia, puede definirse como la capacidad para lograr que otros seres humanos compartan un marco mental, una definición de la situación, valores y creencias. Así, la persona poderosa, es aquella que puede persuadir, poner de acuerdo, convencer y explicar. La persona poderosa es aquella que puede reunir en torno así, a otras muchas con un objetivo común.

En política la mejor definición de “poder” nos la dio Hannah Arendt: “El poder es la capacidad para crear consensos mediante el discurso” (Arendt, 2003). Para Arendt el uso de la fuerza, la ley instrumentalizada como herramienta de castigo y la violencia son sólo signos de que el poder de un estado o de cualquier grupo humano se está debilitando. Cuando existe un poder claro (sin que hagamos ningún juicio moral sobre el mismo), no es necesaria la fuerza para sostener un orden establecido. El ejemplo más trágico de este hecho lo obtuve de mis entrevistas a hombres maltratadores. La mayoría de ellos, sólo ejercían la fuerza, la amenaza o la violencia física en el momento en que veían que sus parejas, aunque fuera sutilmente, discutían sus creencias y los valores y amenazaban su estatus. Mediante la fuerza y el miedo se puede controlar una población y aparentar fortaleza, como pasa en las dictaduras, pero una simple grieta puede echar abajo todo un estado totalitario. Los psicólogos sabemos que el “castigo” puede ser útil a corto plazo, pero a largo plazo tiene muchas contraindicaciones.

Esta introducción puede ayudar a explicar lo que pasa en España en los últimos años y que ha desembocado en los resultados de las últimas de elecciones: Existe un poder (un consenso) que se está desquebrajando mientras que no sabemos quéotros poderes (consensos) pueden construirse. De aquí la incertidumbre y la angustia.

Cuando hablo de un poder en crisis me refiero al sistema de alternancia entre dos grandes partidos de implantación en toda España apuntalados intermitentemente por partidos nacionalistas (no lo olvidemos) y apoyados por unas élites económicas determinadas que surgieron de la transición. Y esto no es un juicio de valor. Es un hecho. Ahí están las contribuciones de las grandes empresas a los dos partidos, los problemas con su financiación, sus deudas con los bancos y el fenómeno de las puertas giratorias. Pero también me refiero a los valores, símbolos y representaciones mentales que acompañaron a la transición. Las dificultades para crear gobiernos son un síntoma de este resquebrajamiento del poder que nos ha constituido hasta ahora. No sólo en las últimas generales, sino también en Andalucía donde se creó un gobierno con graves problemas a última hora.  En Cataluña sólo se logró in extremis esta misma tarde un acuerdo entre los grupos independentistas.

Es evidente que el PP y el PSOE no han perdido todo el poder. Son votados por el 50% de los españoles.Tanto uno como otro intentarán recuperar el consenso perdido probablemente mediante algunos cambios en su forma de hacer política. Pero es evidente que se han percatado, por los menos aquellos más inteligentes y que no se quieren dejar engañar, que su poder corre un peligro real después de pasar de más de un 80% de voto entre ambos a escasamente el 50%. Uno de los signos más evidentes de la pérdida de ese poder es que estas fuerzas tradicionales ya no son claramente mayoritarias, y en algunos casos casi marginales, en las autonomías, las ciudades más avanzadas social y económicamente y en los rangos de edad más jóvenes. ¿Puede un partido ser una fuente de consenso nacional con escasamente un 11% de los votos en el País Vasco y Cataluña, dos Comunidades Autónomas con los PIB más grandes de España, y con un voto joven entre 18 y 24 años de un 9.9%? Es complicado.

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¿Y cuáles son las razones del agrietamiento de este poder instituido desde hace más de 30 años en España? Principalmente la conjunción de tres factores. La crisis económica y la pérdida de la soberanía respecto a instancias europeas (y la consiguiente crisis de representatividad), la corrupción política y, por último, un cambio sociológico acompañado de nuevas tecnologías de la comunicación (NTC)

Me detengo brevemente en el último factor, ya que es el más interesantes psicológica y sociológicamente hablando. En otra entrada de este blog, ¿Pertenecen los nativos digitales a un mundo nuevo?, ya analizamos como las NTC están transformando nuestras prácticas comunicativas y la forma de entender la representatividad y hacer política (¿si puedo comprar y realizar operaciones bancarias por internet, por qué no se me puede consultar con seguridad decisiones políticas de relevancia?). Esto lo han entendido muy bien los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, especialmente éste último. Independientemente de lo simpático o no que caiga este partido, el uso de los medios de comunicación y su capacidad para insertar mensajes y nuevos símbolos en el imaginario social ha sido casi magistral. La utilización del morado, relegando el rojo, y la renovación de los típicos símbolos de la izquierda que conllevan muchos prejuicios. El uso de géneros narrativos como herramientas de cambio de la tendencia de voto, el relato de “la remontada” y el conocido “efecto Rocky Balboa”. El conocimiento de lo que podemos llamar marketing cognitivo mediante la construcción de ideas fuerza, por ejemplo “Sí se puede”. El uso de un medio antiguo como la televisión como nuevo espacio de transmisión. En fin, podríamos seguir. Estos hechos, podrán asustar o infundir alegría, dependiendo de las simpatías políticas de cada uno. Y aunque no sabemos qué ocurrirá en medio año, “Podemos” es el grupo político con un “Poder” más en ascenso hoy en día. La elección del nombre “Podemos” es ya en sí una clara demostración de “Voluntad de Poder”. Entendiendo poder como la capacidad de influir en nuestros marcos mentales y capacidad para crear consenso. La facilidad de Podemos para integrar en su seno o asociarse a distintos grupos, no es un signo de debilidad, como se suele interpretar, sino todo lo contrario.

Para terminar, los símbolos e imágenes provenientes de la transición no sólo han dejado de ser efectivos, sino que se han convertido en negativos. Y los símbolos son muy importantes, ya que nos movilizan para la acción, activan un conjunto de significados que orientan nuestra conducta. Tan sólo el recuerdo de alguna imagen del Golpe de Estado del 81 o la figura de Adolfo Suarez (o la de Felipe González) puede reavivar antiguas fidelidades. El problema es que en estas elecciones, según datos el INE, ya un tercio de los electores no tienen ningún recuerdo de esos acontecimientos. Por lo que la continua apelación a los valores de la transición no hace más que alejar a los nuevos votantes de los partidos más antiguos. Pertenecen a otro universo simbólico.

Dicen que en la antigua China para maldecir a una persona le imprecaban “Ojalá vivas en tiempos interesantes”. Éstos lo son, sin duda. Al menos científicamente hablando.

Referencias

Arendt, Hannah (2003). La condición Humana. Madrid: Paidos. 1958

FOUCAULT, M. (2008) Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión, Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

Saavedra, Javier. (2015, 13 Abril). ¿Pertenecen los nativos digitales a un mundo nuevo?- Arder en Preguntas. Recuperado día mes, año (que accediste a la información) de:https://arderenpreguntas.wordpress.com/

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3 comentarios en “Poder y política en España tras las Elecciones Generales

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