El perdón: repercusiones psicológicas y políticas

La semana pasada me invitaron a una mesa redonda sobre el perdón en la Facultad de Educación como miembro de Acción Verapaz (http://www.accionverapaz.org/)  y psicólogo. Me alegré mucho, ya que es un tema de extraordinario interés. Normalmente, la reflexión sobre el perdón se ha visto limitada a ámbitos religiosos. Lo cual es lógico, ya que todas las religiones lo contemplan como una acción esencial y disfruta de gran interés teológico. Pero además, sin ser esto incompatible con lo anterior, el perdón presenta grandes repercusiones psicológicas y políticas. A estas repercusiones me voy a dedicar brevemente en las próximas líneas.

Perdón, generosidad y política

De forma habitual se entiende la generosidad como la cualidad de la persona desprendida que se preocupa más por lo demás que de sí mismo. Sin embargo, originalmente el significado de la generosidad no tiene nada que ver, o muy poco, con esta idea. La palabra generosidad proviene de la raíz indoeuropea “genus” que significa generar. Las palabras generar, genealogía, gen o genital tienen el mismo origen que generosidad. Desde este punto de vista, la persona generosa sería aquella a partir de la cual o gracias a la cual se generan nuevas posibilidades, gracias a la cual se crea un nuevo mundo o una nueva vida. Y es aquí, donde el adjetivo generosidad está íntimamente relacionado con el perdón en una dimensión política y psicosocial.

El perdón nos libera de la cadena de acción-reacción, causa-efecto, en la cual nos veríamos atrapados sino ejerciéramos el perdón. Sin el perdón, nuestra vida, decisiones y conductas, estarían determinadas por la fuerza irrefrenable de los efectos de nuestras acciones pasadas. Sin el perdón, somos esclavos de nuestro pasado y nuestras acciones se convierten en causas naturales imposibles de transformar. Por eso para Hannah Arendt, la cual aunque de fuerte tradición judía era más bien agnóstica, “el perdón es una facultad política”.En toda transición o cambio político, en todo proceso de superación de conflicto social, más o menos violento, sólo si existe perdón puede abrirse la posibilidad a una nueva situación. En caso contrario, estamos condenados a una eterna repetición como si la sociedad fuera la personificación del mito de Sísifo.

Dice Hannah Arendt:

“El perdón, ciertamente una de las más grandes capacidades humanas y quizás la más audaz de las acciones en la medida en que intenta lo aparentemente imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y logra dar lugar a un nuevo comienzo allí donde todo parecía haber concluido, es una acción única y culmina en un acto único”

 mujer II[1]

Perdón como acto de la voluntad

En mi opinión existen muchos errores al intentar comprender la naturaleza del perdón. El perdón nace del deseo de abandonar el papel de víctima. Por ejemplo, en mi trabajo con mujeres víctimas de violencia machista he comprobado que es necesario realizar un doble trabajo. Primero, acompañarlas en el proceso de comprensión de que ellas son víctimas y no culpables de su dolor y sufrimiento. Y segundo, y no menos difícil, ayudarlas a abandonar el rol de víctimas y abrazar la identidad de supervivientes.

Dice Michael Lapsley respecto al perdón, reverendo defensor de los derechos humanos en Suráfrica que fue víctima de un atentado terrorista por el cual perdió las manos y un ojo:

“El paso que nos permite dejar de ser objetos pasivos de la Historia –víctimas de algún hecho terrible- para volver a convertirnos en sujetos activos de la Historia, es decir, en personas que participan de nuevo en la tarea de configurar y crear el mundo.”

Mientras que la figura de la víctima es por naturaleza pasiva, la de la persona que perdona es esencialmente activa. Soy víctima a la fuerza, pero perdono porque lo quiero. Por lo tanto, el perdón es un acto de voluntad, de libertad extrema que parte mucho más desde la razón y los valores que desde la emoción. De hecho, en el proceso de perdonar, no es extraño que conviva la decisión sincera de perdonar con emociones encontradas de ambigüedad y resentimiento. Es la decisión de perdonar y las conductas coherentes con el mismo, no buscar la venganza y el mal para con el agresor, las que conllevan la sanación en las emociones “mi decisión de perdonar y mis conductas coherentes con mis valores sanaran mi alma”. Y no al revés: “cuando ya no lo odie, lo perdonaré”.

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo:–Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo–No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” (Mateo 18:21, 22)

El perdón, como acto de libertad personal, no requiere que sea pedido por el victimario. Es decir, el perdón no implica reconciliación. La reconciliación implica por parte del victimario (la persona que victimiza), aceptación de la responsabilidad, reparación, ya sea material o simbólica (la muerte de un ser querido no se puede reparar materialmente) y la restauración de las redes sociales (Segovia, 2015). Para la reconciliación debe existir perdón por parte de la víctima, pero para que haya perdón no tiene por qué existir reconciliación. De igual manera, el perdón no implica la renuncia a la acción de la justicia como un espacio de restauración, incluso de rehabilitación, pero nunca como venganza. Así, el perdón y sus efectos están más relacionados, en primer lugar, con uno mismo que con la persona que ha causado el mal.

Otra confusión habitual es pensar que el perdón sincero necesita del olvido (una error similar sucede con el duelo). Al contrario, sin memoria es imposible el perdón. Lo mismo ocurre con la reconciliación, escondiendo los hechos, reprimiéndolo, evitándolos psicológica y políticamente, no puede haber ni perdón ni reconciliación. El perdón, como hemos visto, proviene del análisis de la realidad y del deseo de abrirse al futuro, y no hay futuro sin elaboración de nuestros recuerdos. Eso sí, el perdón puede sanar nuestros recuerdos y darles sentido. Y aquí conectamos con el próximo punto.

Perdón y salud psicológica

                Sufrir una agresión, una pérdida de un ser querido en un acto violento, o peor aún, ser víctima de un genocidio, como es fácil de comprender, tiene repercusiones psicológicas y físicas muy graves. Existen diagnósticos, como el trastorno por estrés post traumático, que están directamente relacionados con estas experiencias. Muchas investigaciones, entre ellas las mías, relacionan las experiencias de tipo traumático con el padecimiento de trastornos psicológicos, incluyendo la psicosis (Saavedra, 2013).

Hayes, uno de los psicólogos promotores de las terapias de aceptación y compromiso, afirmaba que el agresor arroja un anzuelo a la víctima mediante el cual se fusiona con ella. El deseo de venganza, tirar hacía si mismo al agresor para vengarse, no hace más que fortalecer ese vínculo enfermizo y hacer que el anzuelo se afiance más en nuestro cuerpo y nuestra mente. El perdón, implica liberarse del anzuelo. Acompañar a una persona o a una comunidad en este proceso es de los trabajos más complejos que pueden existir para un profesional.

Numerosas investigaciones han mostrado que el perdón está relacionado con bienestar y salud mental y física en adultos. El perdón en respuesta a la transgresión personal está asociado a baja presión arterial, un ratio bajo de pulsaciones y baja reactividad cardiaca. Incluso en experimentos en laboratorios. Además, el perdón media la asociación entre las prácticas religiosas y una gran variedad de indicadores de salud, por ejemplo uso de servicios médicos y calidad del sueño. De forma que un seguidor del Dios del antiguo testamento, tendría peor salud que un seguidor del Dios del Nuevo testamento (que me perdonen mis amigos teólogos por esta herejía maniquea, aunque no hay nada más sano que una buena herejía).

En los últimos años han aparecido muchas propuestas terapéuticas que podríamos relacionar sin problemas con la experiencia del perdón. Por ejemplo, la ya citada terapia de aceptación y compromiso o la propuesta de “self-compassion” de la Dr. Kristin Neff http://self-compassion.org/

En resumen la acción el perdón es extremadamente compleja psicológicamentey socialmente. El perdón es producto de la libertad y nos libera personalmente y socialmente de nuestro pasado abriéndonos a un nuevo futuro. Puede ser analizada desde muchas perspectivas. Aquí la hemos contemplado desde la perspectiva de la víctima que perdona, pero también podríamos verla desde la acción de pedir perdón y ser perdonado. Quizás para otro momento.

 

Arendt, H. (1995). De la historia a la acción. Barcelona, Paidós.

Arendt, H. (2009). La condición humana. (1° ed). (R. G. Novales, Trad.) Buenos Aires,

Lapsey, M. (2014) Reconciliación con el pasado. Un camino desde la lucha por la libertad hacia la sanación. San Pablo, Madrid. Paidos.

Saavedra. J. (2013)Association between traumatic experiences and psychosis amongst incarcerated men.Journal of Nervous and Mental Disease, 9. 773-779

Segovia Bernabé, J.L.(2015) La cárcel, ¿lugar de reconciliación? consideraciones desde la justicia restaurativa.Estudios Eclesiásticos, 90, 323-346

Anuncios

7 comentarios en “El perdón: repercusiones psicológicas y políticas

    • Efectivamente, como señalo en la entrada, mientras que somos víctimas y nos hacen daño a la fuerza, el perdonar es un ejercicio de libertad. Y cuando hablamos de libertad cada uno actúa como estima más oportuno. Gracias por el comentario.

      Me gusta

      • Ups. Pensaba que salían los
        comentarios del tirón.
        Me explico: creo que el ser humano no necesita el acto de perdonar para liberarse. Porque pienso que no hay nada que perdonar. Uno no pide perdón por ser generoso. Al igual que tampoco debería pedirlo por que algún día hizo algo malo ya que en esta vida no hay nada malo ni nada bueno: es la vida y todo forma parte de la vida. Creo que el creer en el perdón sí que es un acto de esclavismo total.
        Puede funcionar el
        Perdonar pero no es un mecanismo de liberación en todo caso. Sí o no.

        Me gusta

      • Gracias por las reflexiones. Bueno, y no creo que haya ningún “mecanismo de liberación total” para toda la humanidad. Pensar que “en la vida no hay nada bueno ni malo y que todo es parte de la vida” es una creencia que puede ayudar a no estancarse cuando te hacen daño. Pero pienso que sólo una pequeñísima minoría de personas pensarían sinceramente eso cuando le asesinan a alguien querido o cuando una catástrofe le deja sin hogar. La cuestión es qué hacer con la herida, con el agujón que se te queda clavado cuando te hacen sufrir o te hacen daño (porque a no ser que seas un super-hombre, es algo que te va a pasar). Pues bien, tanto filósofos como muchos psicólogos experimentales piensan que la experiencia del perdón es sanadora (si quieres te doy referencias. Como científico intento fundamentar mis afirmaciones en evidencias empíricas). Pero, claro, no es algo que tenga que servir para todo el mundo (Puedes ser alérgico al mejor fármaco) y se puede discutir como cualquier hecho. Gracias de nuevo.

        Me gusta

      • Más que en en estudios científicos me baso en mi propia experiencia, la cual, gracias por supuesto a gente que me acompaña y en la que confío me están apoyando a observar. No suelo echar mucha cuenta a los estudios científicos sobre personas, ya que creo y estoy seguro que cada persona podría tener un sistema propio de perdón.

        Cuando a alguien le asesinan un familiar…vaya…hay dolor. No es para estancarse, que va…todo lo contrario, te libera. Sentir el dolor, ver qué pasa, sin conceptualizarlo, creo que es donde reside el verdadero problema, en la intelectualización que tanto daño nos hace, dar un nombre: bueno-malo, positivo-negativo…guapo-feo…¿y si no nos creemos ninguna de esas polaridades y más bien dejamos que nos atraviese la vida?
        Entendiendo desde el ser. Jode, mucho, pero para qué queremos saber si es bueno o malo. Duele.
        ¿Y luego viene perdonar? Si ya duele para qué meterle más carga conceptual, basada en opiniones, recuerdos, televisión, lo mediático del dolor, etc…

        Puede ser liberador el tema del perdón, gracias a la cultura de la culpa tan bien inculcada por parte de la iglesia: la mala.

        Muchas gracias!

        Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s