La motivación en el deporte y en la vida: ¿Qué hace que sea eficaz un discurso?

Se puede quitar a un general su ejército,
pero no a un hombre su voluntad

(Confucio)

Hace unos días todos vimos, al menos todos a los que nos gusta el fútbol, la final de la copa de la UEFA (o Europa Ligue como se dice ahora). El Sevilla F.C tras una primera parte claramente inferior al Liverpool, reapareció en la segunda parte convertido en otro equipo. ¿Qué pudo pasar en el vestuario para tal cambio de actitud y energía? Me pregunta un amigo. Que no se preocupe quien no sea aficionado al fútbol. Este artículo no está dedicado al mismo, aunque el deporte, como metáfora de la vida, sí que lo será.
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La motivación es uno de los constructos psicológicos con más éxito. Asesores, “coaches”, empresarios especialistas en liderazgo y otras figuras acaparan las secciones de autoayuda de librerías y revistas, además de celebrar innumerables cursos y conferencias. Casi se diría que ocupan el lugar que antiguamente ocupaban los sacerdotes o los guías espirituales.

La motivación puede ser definida como el deseo o la necesidad que energiza nuestro organismo, lo activa fisiológicamente y cognitivamente, para la consecución de una meta u objetivo. Esta meta puede estar muy cercana a las necesidades biológicas básicas, como el sexo o la comida, o más alejadas de las mismas. Por ejemplo, correr una maratón o aprobar unas oposiciones.

Por lo tanto, mediante el proceso psicológico de la motivación se activa nuestro organismo y se orienta nuestra conducta hacía una meta. La motivación proporciona la energía necesaria para ejecutar un plan de acción. La palabra “motivación” tiene el mismo origen etimológico que las palabras “emoción” o “motivo” y proviene de la palabra del latín “motivus”: movimiento. La  motivación nos da un motivo y nos hace movernos. De hecho, las áreas cerebrales relacionadas con las emociones y la motivación están muy conectadas: cortex cingulado anterior y, en general, todo el sistema límbico. Al mismo tiempo, la motivación está directamente conectada con nuestros valores culturales, con nuestra historia de vida y significados personales, con lo que creemos y esperamos. Al fin y al cabo, cerebro, organismo, conducta y cultura interactúan de forma continua. La falta de motivación y la hipo-activación es uno de los problemas básicos de algunos diagnósticos psiquiátricos como la depresión o la esquizofrenia.

En mis clases en la Facultad de Enfermería el tema de la motivación es esencial: ¿Cómo hacer que una persona con diabetes de vida sedentaria realice ejercicio? Gran parte de las tareas de los profesionales de salud consiste en motivar y cambiar los estilos de vida de sus pacientes, ya que gran parte de las patologías está asociada con sus estilos de vida.

Utilizando un ejemplo del cine relacionado con el deporte, probablemente uno de los discursos más famosos en la historia del cine deportivo, vamos a ver de forma práctica qué es lo que hace que un discurso (una persona que nos intenta convencer) nos mueva (motive) a la acción. Y esto vale para el deporte, la política, la guerra, el mundo sanitario y la vida en general. Unos años atrás, un buen alumno de la asignatura de Psicología de la Comunicación realizó un trabajo excelente sobre discursos motivadores en el cine. Gracias a él conocí esta película y, en concreto, este discurso. Tómate unos pocos minutos para visionarlo y disfruta.  Pregúntate si te parece eficaz. Después repasaremos los factores que explican esa eficacia.

1)      Miedos. En un buen discurso siempre se empieza reconociendo nuestros miedos y nuestras vulnerabilidades. Un buen discurso es siempre realista. Es consciente de los obstáculos y de los riesgos. Esconder los miedos y nuestras emociones, decir desde el principio lo que se debe hacer, ofrecer soluciones que aseguren el éxito en 24 horas cual libro de autoayuda no es conveniente. El líder, lejos de describirse como perfecto, no tiene miedo a aceptar sus fracasos. Al Pacino empieza reconociendo que no sabe qué decir, para posteriormente describir una historia personal de fracaso. Pensad lo que significa eso en la sociedad norteamericana, donde el perdedor es un apestado. Hay que ser muy valiente para empezar así un discurso motivador. Pero, de este modo, deja claro que no es un gurú, “yo no puedo hacerlo por vosotros”,  que no cree en un mundo color de rosa o en las recetas mágicas sino en un trabajo “pulgada a pulgada”. Él no tiene una solución propia de telepredicador. Y aquí conectamos con en el segundo punto.

2)      Empatía. El líder se pone en el lugar del equipo. Es uno de ellos. Conoce el infierno como ellos. Comparte los sentimientos del equipo. El general ante la batalla siente el mismo miedo que los soldados. Así, los soldados, los jugadores, pueden identificarse con él. Sabemos experimentalmente que cuando nos identificarnos con los modelos de conducta, éstos son más eficaces.

3)      Mirada. En un discurso eficaz cada oyente debe tener la sensación de que el orador le habla personalmente, se componga la audiencia de dos o de cientos de personas. En sentido contrario, es posible de que seamos la única persona que escucha y que tengamos la sensación de que la persona con la que hablamos no se dirige a nadie (esto ocurre a veces en el mundo sanitario en la relación médico-paciente). El orador debe parecer que conoce los miedos y la historia de cada una de las personas que lo escuchan. Debe adaptarse al vocabulario y al lenguaje que conoce la audiencia. La mirada, la disposición del cuerpo y la gestualidad es esencial. “Miro a mi alrededor y veo esas caras jóvenes y pienso…”. Si la audiencia, si la persona que intentamos convencer (por ejemplo un paciente que debe cambiar de estilo de vida) construye sus propios argumentos, discute consigo mismo, si conseguimos que sea la voz del paciente, del jugador, del soldado, la que se diga a si mismo lo que debe hacer, seremos más eficaces que si lo hacemos nosotros mismos. En el video se observa perfectamente el debate interno, la lucha entre las contradicciones, conflictos y los miedos en los rostros de cada jugador. Y como el entrenador, poco a poco, va consiguiendo movilizar, despertar una parte del “YO” de los jugadores que parecía desconectada. Es lo que los psicólogos llamamos motivación intrínseca.

4)      Equipo. Es necesario ayudar a fortalecer el equipo. Especialmente en todas las actividades colectivas (deporte, política, empresa). Pero también en el mundo sanitario. La salud y la enfermedad, y esto es una afirmación de carácter científico, no es cuestión de individuos. Es una cuestión de la familia y de la sociedad. Sin equipo, no hay victoria. En términos psicosociales hablamos de “normas de reciprocidad”: hoy por ti, mañana por mí. El entrenador, Al Pacino, ocupa gran parte de su discurso en fortalecer el equipo. “Tenéis que mirar al que tenéis a vuestro lado, ¡miradle a los ojos!…vais a ver a un tío que se sacrificará por este equipo”.  Nuestra identidad nos sobrepasa, lo que hagamos o no, no nos incumbe sólo a nosotros. Empíricamente sabemos que el apoyo social, la sensación de pertenencia, el capital social, que diría un sociólogo llamado Robert Putnam, está fuertemente relacionado con la salud y la fortaleza de las personas, de las sociedades y de los pueblos. Margaret Thatcher desde una perspectiva liberal y conservadora afirmaba “no hay sociedades, sólo individuos”. Al Pacino le respondería “o nos curamos, ahora, como equipo, o morimos como individuos”. Al Pacino, empieza y termina su discurso con dos reformulaciones de esta frase. Frase que, especialmente ahora, es aplicable también a nuestro país y a Europa.

5)      Trascendencia. El equipo trasciende al individuo, pero la historia trasciende al equipo. Somos parte de una historia común. Otros muchos antes de nosotros, aunque no estén físicamente, construyen la identidad del equipo y de alguna forma nos acompañan en la batalla. Antonio Puerta, jugador del Sevilla F.C fallecido en el terreno de juego, se ha convertido en un jugador más que, sin lugar a dudas, participa simbólicamente en los encuentros que disputa el Sevilla F.C. Los aficionados y los jugadores, aunque no lo hayan conocido, son muy conscientes de ello. También son parte del equipo todos los miembros de nuestras familias que ya no están con nosotros. Los rituales presentan esa función: trascendernos. En un buen discurso motivante se nos debe mostrar que pertenecemos a algo más grande, que nos da fuerza y apoyo, pero que también nos exige esfuerzo y compromiso. Al Pacino, también está trascendiendo el fútbol  porque nos está hablando de la vida, de nuestras vidas: “La vida es cuestión de pulgadas”.  A partir de esta metáfora, que vertebra todo su discurso, Al Pacino fusiona la vida personal de cada jugador, miedos, dudas y temores, con el campo de juego y los está animando a enfrentarse a ellos. La vida, como el fútbol, es cuestión de pulgadas. “¡Eso significa vivir, las seis pulgadas frente a vuestra cara!”. Y este posiblemente es uno de los momentos de mayor intensidad emocional del discurso.

6)      Autoeficacia. Un objetivo esencial de cualquier discurso o intervención motivacional es aumentar la autoeficacia y las expectativas de éxito. Con autoeficacia, uno de los constructos más importantes en psicología, nos referimos a las creencias de las personas en su eficacia en tareas concretas. Los modelos teóricos motivacionales que no incluyen la autoeficacia percibida son muy débiles experimentalmente. Al Pacino pasa sutilmente de apelar la voluntad de sus jugadores, “yo no os puedo convencer”, a describirlos en presente y de facto como un equipo con el potencial de vencer: “En este equipo luchamos por este terreno”, “…vais a ver a un tío dispuesto a ganarla por vosotros”. Sin percatarnos, Al Pacino está respondiendo por ellos. Un buen discurso debe transmitir la idea de que la historia se puede cambiar, por muy adversa que sea, que nuestra voluntad puede superar cualquier obstáculo. Al motivar intentamos psicológicamente cambiar las creencias de las personas sobre sí mismo. Reforzar un locus de control interno (yo soy la causa de lo que me pasa), fomentar la percepción de controlabilidad (puedo cambiarme) y aumentar la autoeficacia (confío en mis capacidades para cambiarme, lo puedo hacer con éxito). Sobre esto Albert Bandura y Bernard Weiner, dos de los más importantes psicólogos sociales, tienen mucho que decir.

7)      Respeto por la libertad. De acuerdo con lo anterior. Es fundamental respetar la libertad de decisión de la audiencia y tratarla como adulta. No decir nunca, al menos explícitamente, qué se debe hacer. La decisión última,  el control de la situación, la tienen los jugadores. El discurso de Al Pacino está lleno de apelaciones a la audiencia. De hecho, y esto es un recurso muy eficaz, termina con una pregunta.

8)      Ritmo y estructura. Podríamos estar horas hablando de los recursos retóricos en este discurso. De algunos hemos hablado. El uso de las metáforas (fútbol-vida), las apelaciones y preguntas, las antítesis “yo no os puedo convencer…” (sólo vosotros a vosotros mismos), “yo soy viejo” (vosotros los jóvenes), luz-oscuridad, las elipsis, etc. Me referiré sólo al intensidad, a la frecuencia y a los silencios. Aspectos prosódicos esenciales en cualquier discurso. Si os fijáis Al Pacino va alternando una intensidad y una frecuencia baja y alta. Al comienzo del discurso está abajo, va creciendo en intensidad y frecuencia progresivamente hasta casi el final del discurso, donde, por sorpresa, reduce dramáticamente el tono de nuevo, dejando cada vez más pausas entre sus palabras. Finaliza con una pregunta en un tono muy bajo, como al principio. De este modo, da pie a la respuesta de la audiencia. “Eso es futbol”-pausa-“ahora”-pausa-“¿qué es lo que vais a hacer?”. El discurso tiene un ritmo que nos acompaña como una buena canción o poesía.

Probablemente, hoy en día, te estarás enfrentando a retos, miedos o dudas. Estarás intentando superar una ruptura, una enfermedad, obstáculos para alcanzar una meta. Al fin y al cabo, la vida consiste en eso. Esas son las pulgadas que debemos ganar. Seguro que oirás en tu cabeza la voz de los deterministas, aquellos que utilizan la realidad, el sentido común o el código genético para robarnos la libertad. Es imposible, desiste, no tienes opción, no existe la libertad. Pero, créeme, siempre, en cualquier situación, hay opción. Sólo pregúntate. Ahora, ¿Qué voy a hacer?

Para citar la entrada: Saavedra, Javier. (Año, día mes (de la publicación del post)). La motivación en el deporte y en la vida: ¿Qué hace que sea eficaz un discurso? Recuperado día mes, año (que accediste a la información) de: https://arderenpreguntas.wordpress.com/

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