El valor de la diferencia II: Diversidad socio-cultural

Tan cierto como que somos seres biológicos es que somos seres culturales. El conflicto entre cultura y biología para comprender la conducta de los seres humanos, lo biológico frente lo sociocultural, es totalmente falso. A mí me gusta decir que somos seres culturales gracias a nuestra configuración biológica y que al mismo tiempo la cultura también modifica nuestra biología. La moderna ciencia de la epigenética nos demuestra que nuestro medio ambiente, en contra de lo que se pensaba, modifica la actividad del ADN. Además, la forma de entender la biología es siempre cultural. La ciencia es parte de la cultura.

La necesidad de pertenencia y aceptación: Cultura. Vivir fuera de la cultura es imposible porque la consciencia de sí surge del reconocimiento de los otros, del otro, lo interhumano, lo socio-cultural precede y fundamenta lo humano. El ser humano nace siempre en una cultura, aunque eso no significa que tenga que quedar encerrado en ella.

Funciones de la cultura. La cultura nos ofrece un marco de significados para comprender el mundo. Si no compartiéramos una cultura el mundo sería un caos. En los momentos de crisis cultural parece que caminamos a ciegas porque se nos han derribado las referencias para entender la realidad. La cultura también nos ofrece una caja de herramientas, tecnologías, prácticas sociales, instrumentos para adaptarnos a la naturaleza y sobrevivir. Y como no, la cultura nos devuelve un reflejo de nosotros mismos que nos explica quiénes somos. Gracias a la cultura podemos construir nuestra identidad, gracias a la cultura podemos decir quiénes somos. Cada una de las culturas que existen en el planeta son al mismo tiempo un marco de significados, una caja de herramienta y una forma de construir la identidad.
Existen numerosos resultados de investigaciones que demuestran que la comunidad, nuestros contactos sociales significativos son esenciales para el Ser Humano. Por ejemplo, está claramente establecido que la cantidad y calidad de las relaciones sociales correlaciona con la esperanza de vida.

méxico

El rechazo social como castigo. Esta necesidad de compartir una cultura, de ser aceptados socialmente explica uno de nuestros mayores miedos: el miedo al rechazo. Somos animales sociales, Aristóteles dijo que éramos animales políticos ya que necesitábamos la polis. Esta necesidad de aceptación provoca que seamos animales gregarios, que padezcamos un sesgo hacía la conformidad y la obediencia.
Por ejemplo, un psicólogo social llamado Asch a principio de los años cincuenta del siglo veinte demostró que somos capaces incluso de distorsionar nuestras percepciones más evidentes para ajustarnos a la opinión de la mayoría. Para ello impuso la tarea a un grupo de personas de decidir qué línea recta se parecía más a un modelo de acuerdo con su longitud. La solución era obvia pero el sujeto experimental, uno sólo, se enfrentaba a la tarea en un grupo de varios sujetos cómplices del investigador que siempre erraban. De acuerdo con los resultados, casi en el 40% de las ocasiones los sujetos experimentales se dejaban llevar por las opciones erróneas, que recordemos eran obvias. ¿Podéis pensar qué ocurre con tareas menos objetivas? Este fenómeno se denomina “conformidad social”.
En otro paradigma experimental, el de obediencia a la autoridad, Milgram a principio de los años sesenta del siglo pasado halló que casi el 60% de los participantes en sus investigaciones, personas normales y corrientes, infringían descargas mortales a otras personas en el marco de un programa de aprendizaje simulado obedeciendo a un supuesto investigador con bata blanca.
Estas investigaciones nos muestran hasta qué punto somos capaces de llegar los seres humanos para no salirnos de la norma, para no ser rechazados por el grupo. De hecho, en los momentos de crisis y de ambigüedad, los seres humanos sufren una vuelta acrítica a las identidades primarias (religión o nación) y a los rituales y signos de identificación que le son propios. Se produce un efecto de fortalecimiento grupal como mecanismo de defensa. Esta reacción defensiva se denomina “autopolarización primaria”. Entonces aparece el sentimiento de “Victimización” y el chivo expiatorio, el animal, según mi opinión, más útil que existe.

Todos estos fenómenos nos llevan a la uniformidad, al aumento de la cohesión interna, a conformar sistemas culturales cerrados, reactivos antes cualquier cambio, innovación e incluso contacto con otros sistemas culturales.

A pesar de todos estos efectos y fenómenos que parecen que nos empujan hacía la uniformidad, basta un vistazo a la historia para percatarnos que la movilidad, el mestizaje son propiamente humanos. En cualquier momento de la historia de la humanidad podemos encontrar grandes movimientos migratorios. Empezando por las grandes migraciones de los primeros homínidos hacía Europa, nosotros también somos emigrantes sólo es que llegamos primero a Europa.
Las sociedades y estados más poderosos, en términos de productividad, creatividad, sostenibilidad y también de fuerza, han sido los más diversos culturalmente. Todos los grandes imperios han sido multiculturales. De hecho podríamos decir que los intentos, generalmente en los momentos de crisis, por homogeneizar o por unificar estos estados culturalmente han iniciado la decadencia de los mismos. El caso de España con la expulsión de los moriscos y judíos es paradigmático ya que se perdió mano de obra muy cualificada tanto en agricultura como en finanzas.

Innovación, cambio social y conflicto. Hemos comentado anteriormente que las culturas proporcionan unos marcos de significados que pueden transformarse en normas explicitas (leyes) o implícitas (normas culturales tácitas) que nos ayudan a desenvolvernos por el mundo. Pero estos marcos de significados culturales no son eternos, las culturas se transforman y cuando hablo de culturas también me estoy refiriendo a las comunidades, las familias y los grupos de trabajo. Quiero decir elementos (personas) en un principio minoritarios pueden retar los valores predominantes de una cultura. Fue el famoso psicólogo Social Moscovici quien se preocupó por estudiar los procesos de influencias de las minorías. En estos casos estamos hablando de innovación y cambio social. Es decir, las minorías pueden desestabilizar la norma de la mayoría y producir duda e incertidumbre. Por ello, casi nunca, el cambio se ve como positivo en un principio, siempre como una amenaza. Un líder eficaz debe promover que las minorías se expresen ya que la diversidad es condición “sine quanon” para la innovación. Sin diversidad no hay innovación. Las minorías permiten el cambio social (a nivel tecnológico, social o ideológico). Los estados totalitarios pueden dar la impresión de fortaleza, antigua Unión Soviética o Corea del Norte, pero esencialmente suelen desplomarse como castillos de naipes.
OrgulloAlgo que nos demuestra la psicología social es que el conflicto es necesario para la innovación. No hay nada tan preocupante como la ausencia de conflicto en una sociedad. Evidentemente, el conflicto implica riesgo, principalmente si no se disponen de recursos para gestionarlo: instituciones reconocidas a las que apelar, formación política por parte de la población, un estado socioeconómico relativamente estable. La sociedad española ha gestionado sin desmoronarse unos años, que todavía estamos viviendo, muy complejos de crisis política y económica. Queramos o no, muchas cosas han cambiado. Como veremos más tarde a nivel psicológico ocurre lo mismo. Si apagamos el conflicto y la duda en nuestro interior convertiremos nuestro espíritu en un erial.

Para terminar este apartado de diversidad cultural o social, y antes de entrar en la diversidad psicológica, me gustaría diferenciar entre los que Robert Putnam, un sociólogo norteamericano, denominó Capital social lazo y capital social puente. El capital social lazo es la fuerza de cohesión que existe en determinada comunidad. Las normas de reciprocidad, hoy por mí mañana por ti, las normas y valores compartidos, las ideas de lo que se debe y no se debe hacer, el sentido de pertenencia. Lo que Putnam descubrió en sus investigaciones es que para que una sociedad pueda sobrevivir a largo plazo también necesita lo que llamó capital social puente. Es decir, puentes, autopistas que conecten esa comunidad con otras comunidades, compartir información con otros esquemas de significado que les permita adaptarse a un mundo cambiante. Un puente entre distintas comunidades y clases sociales ha sido, al menos hasta ahora, la escuela pública donde niños procedentes de distintas culturas y estatus socio-económicos han compartido el tiempo y el conocimiento.

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