1-O: ¿Necesita España un terremoto como el de México para acabar con tantas estupideces?

El trágico terremoto del 19 de Septiembre que ha asolado ciudad de México y otras regiones del país aconteció poco después de que aterrizara en Sevilla procedente de aquella ciudad. Habiendo vivido el terremoto del día 7 de Septiembre, que dejó más de 90 muertos más al sur, en las zonas de Oaxaca y Chiapas, me invadió una gran preocupación y solidaridad por los amigos mexicanos, casi familia, que había dejado allí horas antes.

Aquí, en la dolorida España, me encontré con otro terremoto, éste de carácter político. Si el terremoto de México fue producto de la fricción entre la Placa de Cocos y la Placa de Norteamérica, ambas pertenecientes al mismo continente, el terremoto de España es producto esencialmente de la fricción de dos placas que pertenecen a la misma familia: la placa del PP y la placa del partido de la burguesía catalana: PdeCAT (antigua Convergencia). Es cierto que hay otros protagonistas y que hay una faceta legal muy importante, pero los dos grupos políticos son esenciales para entender la génesis de la situación.

Antes de envolvernos en l1329344369_936849_1329344498_noticia_normal[1]as banderas respectivas que nos tienen asignadas, hagamos historia. En 1996 José María Aznar fue apoyado por el PNV y CIU. El acuerdo del hotel Majestic posibilitó que Pujol, gobernara tranquilamente Cataluña, se supone que ya estaría robando a todos los catalanes, y Aznar gobernar España. Eran los tiempos en los que estaba bien hablar catalán en privado. Si echamos un vistazo a los porcentajes de voto en común tanto en el parlamento español como europeo en las últimas décadas entre PP y CIU nos llevaríamos una sorpresa, el porcentaje es significativamente alto.

Luntitledas alianzas entre el PSOE y CIU también son llamativas. ¿Quién ayudó a fracasar la querella que los fiscales José María Mena y Carlos Jiménez Villarejo elaboraron en mayo de 1984, contra el consejo de Administración de Banca Catalana, incluido su vicepresidente ejecutivo, el mismísimo Jordi Pujol, entonces presidente de la Generalitat?: Felipe González y el PSOE de entonces. ¿Quién apoyó a Felipe González cuando perdió la mayoría absoluta en 1993? Los nacionalistas catalanes. El propio diario el PAÍS anunciaba la paralización de la querella el 19 de Mayo de 1984: “no sabemos dónde ni quién la parará [la querella], pero estamos seguros de que no seguirá adelante”.

Podríamos seguir… De cualquier forma, todos estos datos se pueden encontrar fácilmente en las hemerotecas, en internet, procedentes de diversas fuentes y cualquier persona con memoria o con interés serio en la cuestión puede informarse.
Es verdad que en los últimos cinco años este porcentaje de acuerdo ha disminuido, pero este hecho no refuta la máxima: El partido conservador catalán y el PNV han sido aliados y sostén del sistema político constitucional español tras la transición y ni el PSOE ni el PP, grandes partidos constitucionalistas, han dudado en aliarse, negociar y conceder prebendas a ambos. Supongo que algo habrá que agradecerles, ¿o no? ¿Acaso no se conocía en Madrid hace años la corrupción en Cataluña? Si incluso Maragall lo hizo público en el Parlamento Catalán: El famoso “Su problema es el tres por ciento”. Pueden buscar el video en internet ¿Por qué no se investigó entonces? Respondan ustedes mismos.

¿Cuándo se rompió está relación? ¿Se rompió el amor de tanto usarlo? ¿Cuándo la burguesía catalana, el “seny” catalán, se echó en manos de los radicales independentistas de izquierda? ¿Cuándo el PP descubrió que los nacionalistas catalanes eran unos corruptos y unos dictadores? Teorías e hipótesis se pueden encontrar muchas últimamente en la prensa. Desde luego, puede sugerirse un cambio demográfico y un trasvase de voto que ha hecho al nacionalismo conservador catalán muy vulnerable y lo ha obligado a acercarse a las facciones más independentistas. También, podemos suponer que la imposibilidad de ambos partidos de buscar un equilibrio y tapar las cloacas de su corrupción los ha obligado a girar hacía su espectro más radical para salvarse, dando así oxígeno a los más radicales de ambos bando y obligando a los más ingenuos a tomar partido.

Me voy a mojar, mi posición sobre la cuestión se reduce a cuatro puntos:

1) El parlamento catalán no tiene ninguna legitimidad, ni base legal, para declarar la independencia con poco más del 55% de diputados pro-independentista y con menos del 50% de la población que los apoye según las últimas elecciones, exactamente el 47%. ¡Ninguna! Tampoco la consulta del 1-O tiene ningún sentido. La indigencia intelectual de los líderes independentista es penosa, de los otros prefiero no hablar. La entrevista a Puigdemont en tv daba vergüenza ajena.

2) Es posible que el estado esté obligado a responder legal y policialmente a la iniciativa independentista. ¡No hay democracia sin el respeto a la Ley! Pero no nos equivoquemos, la fuerza de la Ley no basta para construir una nación. Por sí sola la Ley no soluciona absolutamente nada, o no soluciona nada a medio y largo plazo. ¿Vamos a dejar 10.000 policías indefinidamente en Cataluña? Un estado de derecho debe ser aceptado y la ciudadanía debe identificarse con el mismo para que éste pueda sobrevivir. La necesidad de la fuerza ya es signo de debilidad. Por lo tanto, algo más habrá que hacer.

3) El parlamento catalán con una gran mayoría de diputados a favor de alguna consulta acordada sobre la independencia (casi el 60% según las últimas elecciones) está totalmente legitimado para solicitarla y el resto de España, especialmente los partidos constitucionalistas, harían bien en aceptar la idea antes de que sea tarde.

4) La crisis de Cataluña y la ruptura total con el nacionalismo burgués catalán, esencial hasta ahora para mantener la estabilidad, es un nuevo signo de la quiebra del orden constitucional que se estableció con la transición. Hay que reformar la Constitución y repensar el país. Es complejo, pero no hay otra salida. Con generosidad e inteligencia se puede hacer. La ley, la Constitución hay que respetarla, pero no puede ser utilizada eternamente como una barrera contra cualquier cambio. O se acepta este hecho con valentía y arrojo o vamos al desastre.

“Para que la ley humana sea justa y pueda obligar no basta la voluntad del legislador, sino que es menester que sea útil y sirva a la república y acompasada a lo demás… si la ley no es útil a la república, ya no es ley”

Fray Francisco de Victoria, Orden de Predicadores. “Del derecho natural y de gentes”, siglo XVI)

Pues eso, lo que dijo Fr. Francisco de Victoria que no parece un radical de izquierda.

Pero claro, más fácil que todo esto es que usted se envuelva a en una bandera: Puede elegir entre la estelada y la española. Ahora, tenga en cuenta que cuando las banderas se utilizan para envolverse se pudren rápidamente y empiezan a oler, especialmente si lo que esconden es corrupción política y económica y sobre todo, que es casi lo más grave, pobreza intelectual. Yo comprendo que se pueda ser independentista, lo comprendo, pero no lo comparto. Ninguna ideología nacionalista es compatible con mis principios y me siento orgulloso del himno andaluz “Por España y la Humanidad”. Pero que te dejes guiar por un grupo político que ha estado robándote delante de tus narices, no lo entiendo. Lo mismo digo por el otro lado. En las últimas semanas, aunque no se hable de ello, siguen imputando y enjuiciando a miembros del partido que nos gobierna. La lista es interminable. Qué razón tenía Samuel Johnson, un ilustrado liberal británico, cuando dijo que “el patriotismo es el último refugio de los canallas.” Estamos plagados de canallas que nos van a llevar a una verdadera tragedia como ya lo hicieron otros ineptos desde tiempos de Fernando VII hasta el siglo XX.

¡Qué alegría ver tanta bandera española por las calles! Me pregunto por qué no se ven más a menudo. Pero si parece que juega la selección… También estarán muy felices los independentistas al observar Barcelona plagadas de esteladas. ¡Cuánto colorido! ¿Acaso no nos damos cuenta que los desastres más oscuros de la humanidad han venido precedidos de una gran profusión de banderas y una evidente tergiversación del lenguaje? ¿En qué pensaban unos ciudadanos y ciudadanas al despedir a las fuerzas de seguridad con gritos de “a por ellos” como si fueran legiones que van a luchar contra los bárbaros? Y encima lo graban y lo cuelgan. ¡Qué alegrón se tuvo que llevar Ana Gabriel y qué éxito entre los independentistas! Algunos afirman que en Cataluña los políticos independentistas han comido el coco a los jóvenes. ¡Pero si no hace falta! Ya tenemos a algunos familiares de la Policía Nacional y la Guardia Civil para demostrarles de la forma más eficaz a los jóvenes que Cataluña, de facto, es otro país. ¡Y encima sin gastarse un duro!

Siento vergüenza de mí mismo y de los españoles, incluido los catalanes, se sientan o no se sientan españoles, ¡me da igual! La Patria es un lugar donde sentirse orgulloso de ser Humano y hoy en día en España hay demasiada mezquindad, demasiado odio, demasiado verbo inflamado, demasiado estilo canallesco que no augura nada bueno. En cualquier caso, lo que venga nos lo mereceremos.

Hoy, por ejemplo, me siento más canadiense que español. Sin alharacas, discretamente, han acogido con eficacia el cupo correspondiente de refugiados que los acuerdos internacionales les tenían asignados, ¡27.000 personas dignamente acogidas¡. ¡El único país que lo ha hecho! Sin embargo, aquí…. Bueno para qué hablar de aquí, estábamos en otras cosas.

También me siento mexicano. El pueblo mexicano está dándonos una lección de coraje, solidaridad y rebeldía. Hasta cierto punto el terremoto los ha despertado. Jóvenes han tomado la iniciativa en la formación de los equipos de salvamento y en la organización de las ciudades ante la pasividad y corrupción de los distintos gobiernos. Se han percatado que sólo ellos pueden levantar el país. Cuando es la generosidad la que gobierna un país entonces los símbolos de ese país no limitan, no se blanden en contra de nadie como un arma, no hay que defenderlos porque se defienden solos. Cobran vida, te engrandecen y te emocionan, incluso a los que han nacido a miles de kilómetros. Espero que ese coraje no se apague con el paso del tiempo o la haga lentamente.

¡España, defiéndete de los españoles! ¡Nosotros hechizados por unos descerebrados ya te hemos abandonado como lo hicimos en otras ocasiones en tu larga historia! Sólo tú, retemblando en tu centro, puedes despertarnos y librarnos de los líderes que nos ciegan y que han urdido tu condena. ¡Tiembla! ¡Tiembla y derríbalos! ¡España necesita un terremoto!

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