¿Qué hay de malo en ser una piedra? II

Continuando con la reseña de las XIV Jornadas de Reflexión de Acción Verapaz, en la segunda mesa redonda Félix Talego, profesor de Antropología de la Universidad de Sevilla, nos invitó a realizar un recorrido por la etimología de los conceptos de religión y espiritualidad.

Demostró que la religión no se debe identificar con teísmo y que desde luego hay religiones sin Dios, e incluso religiones laicas como el nacionalismo. Es más, añadió que lo realmente sagrado en nuestro mundo, mucho más que cualquier Dios, es la idea de progreso, la creación de riqueza y el mercado.

En la misma mesa, la profesora de historia contemporánea Inmaculada Cordero, nos hizo un recorrido por el proceso de secularización de nuestras sociedades y, de acuerdo con Félix Talego, mostró como este proceso en ocasiones no hizo sino sustituir una sacralidades y unos rituales por otros de carácter laico. Como ejemplo más evidente, a mí se me ocurre la religión de la ciencia que quiso crear el filósofo, fundador del positivismo, Augusto Comte. Inmaculada Cordero sugirió que el proceso de secularización no parece haber acabado con las prácticas de espiritualidad sino que las ha transformado haciéndolas, parece ser, más individualistas y adaptadas a nuestro tiempo. Incluso llego a hablar de secularización de ida y vuelta o secularización de la secularización para describir la complejidad de la relación de las prácticas religiosas o espirituales en una sociedad donde las grandes Iglesias han ido perdiendo poder simbólico y político. Yo me preguntó, además de las prácticas claramente con componente espiritual como el yoga y la meditación, si algunas prácticas contemporáneas como las fiestas “raves”, los conciertos de música dance o tecno o los grandes espectáculos deportivos no satisfacen también algunas de las necesidades, al menos parcialmente, que cubren los rituales religiosos.

En el último día de las jornadas, dedicado a la relación entre Arte, espiritualidad y salud, un individuo un poco extraño que hablaba muy rápido, es decir yo mismo, presentó, desde un punto de vista experimental y poco poético, la asociación entre distintas variables de salud y las creencias espirituales/religiosas. De acuerdo con numerosa evidencia empírica es posible afirmar, con matices y con algunas excepciones, que las personas con estas creencias disfrutan de mejor salud física, mental y desarrollan estilos de vida más saludables. Y como está afirmación puede ser sorprendentemente aquí dejo la referencia de una rigurosa revisión sistemática realizada por Koenig (2012).Entre los diferentes factores que pueden explicar estos resultados destaqué el “significado” que otorga a la vida las creencias religiosas o espirituales, sean las que sean, y que ayudan a que la respuesta fisiológica al estrés sea menor.

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A mí me gusta el concepto de significado, el cual, aunque la evidencia afirma que es esencial, en las ciencias de la salud no ha sido muy tenido en cuenta. El significado, presenta tres características esenciales. Por una parte, da a la vida una dirección, apunta a una meta (puede ser trascendente o no). Por otra parte, el proyecto o la meta es compartida. Por lo tanto, ofrece sentido de pertenencia y comunidad (apoyo social). Por ejemplo, una paciente me decía, “yo tengo una enfermedad, pero además soy un luchadora por los derechos de las personas con enfermedad y cuando muera otros seguirán haciéndolo”. Y por último, hace el mundo más predecible y de algún modo más controlable (percepción de control). Todas ellas variables psicológicas que regulan el estrés, lo cual incluso está demostrado en laboratorio con ratas.
Gracias a la construcción de significados trasformamos nuestras experiencias subjetivas en experiencias con valor cultural que pueden ser compartidas y comprendidas. Y aquí es donde Arte y Religión se unen, porque ambas tienen la propiedad de dotarnos de signos con los cuales transmitir y dar forma a lo inefable. Ambas se desenvuelven en ese espacio dialéctico entre el silencio (lo misterioso e indecible de muchas experiencias de la vida) y la palabra (lo sensible, comunicable, cultura). No es extraño que los románticos alemanes elevaran el arte a lo sublime y lo religioso y que Dostoievski afirmará que “Sólo la Belleza salvará al mundo”.

Esta cuestión, la relación de las prácticas creativas y la salud y el uso de las mismas como instrumento sanador me ha ocupado profesionalmente los últimos años. De acuerdo con nuestras investigaciones con personas con trastornos mentales graves (TMG) que participaban en un taller creativo (Saavedra y cols, 2017a, 2017b), la práctica creativa posibilita un desbloqueo de la mente (“dejar de dar vuelta a la cabeza”), disminuye la respuesta al estrés, mejora las habilidades sociales y comunicativas (“He aprendido a escuchar”), es un gran medio de expresión (ayuda a responderse ¿Quién soy?) y por último mejora a la red social y redefine de las relaciones existentes. De nuevo, Alicia Martínez, complementando mi aportación, nos narró su experiencia en talleres poéticos con personas con TMG y daño medular y el impacto del mismo en los participantes, incluida ella misma.

Como cierre de las Jornadas Félix Hernández, Dominico y pintor, recalcó la importancia de las artes como fuente de conocimiento y señaló la unión entre la teología y la pintura en la historia de la Iglesia. Enfatizó el carácter comunitario de las artes, de práctica social diría yo, de forma que, aunque sea solo simbólicamente, cuando practicamos alguna práctica creativa siempre somos parte de una comunidad. Las artes siempre han sido un medio de evangelización. Félix Hernández defendió el arte como instrumento de dialogo entre distintas comuniones y comentó que una nueva evangelización requiere el uso de otros estilos artísticos alejados del barroquismo tan habitual en nuestra ciudad. En este sentido, hizo hincapié en una nueva mirada y la necesidad de apertura por parte de la Iglesia a los nuevos, o no tan nuevos, lenguajes artísticos como la abstracción.

Jornadas

El interés del tema tratado se tradujo en una gran asistencia y participación en las XIV jornadas. El interés también se evidenció en el debate posterior a cada sesión. Según mi punto de vista, la exposición de estas miradas espirituales alternativas empujó a algunas personas a expresar su fe de forma enfática en sus creencias y prácticas. ¿Acaso se sintieron como una amenaza algunas de las propuestas allí expuestas? Una participante señaló que muchas de las prácticas espirituales expuestas ya formaban parte de la tradición de la Iglesia Católica siglos atrás, lo cual es cierto pero tampoco refuta la evidencia de que muchas veces lo viejo se hace nuevo gracias a la participación de nuevos grupos. ¿Por qué la práctica del silencio atrae a muchas personas alejadas de la Iglesia Católica?

Respecto al diálogo interreligioso y en relación al proyecto Berackah de espiritualidad de frontera con personas inmigrantes expuesto por Juanma Palma, detecté dos posiciones entre el público. Algunos abogaban por la necesidad de no tener miedo a nuevas realidades religiosas que no implicaban renegar de tu propis raíces, pero si requerían capacidad para asumir el riesgo, dar el primer paso, y aceptar el cambio y la porosidad de nuestras identidades. Otros, sin embargo, enfatizaban el hecho de que la comunicación entre comunidades religiosas, es imposible si no existen a priori objetivos en común y una actitud previa y mutua de aceptación. Otra vez se hace evidente la importancia nuclear de las identidades, de lo cual me alegro, porque me dedico al estudio científico de las mismas.

Para citar la entrada: Saavedra, Javier. (Año, día mes (de la publicación del post)). ¿Qué hay de malo en ser una piedra?- Arder en Preguntas. Recuperado día mes, año (que accediste a la información) de: https://arderenpreguntas.wordpress.com/

Referencias

Koenig, H.G. (2012). Religión, Spirituality, and Health: The research and clinical implications. ISRN Psychiatry. 16, 1-33. doi: 10.5402/2012/278730.

Saavedra,J., Arias, S., Crawford, P. & Pérez, E. (2017a). Impact of creative workshops for people with severe mental health problems: art as a means of recovery.Arts & Health, DOI: 10.1080/17533015.2017.1381130.

Saavedra, J.,  Pérez, E., Crawford, C.,  &  Arias, S. (2017b). Recovery and creative practices in people with severe mental illness: evaluating well-being and social inclusion. Disability and Rehabilitation, DOI:10.1080/09638288.2017.1278797

Melloni, J. (2009). Vislumbres de lo real. Herder: Madrid.

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