Falsos profetas

“Desconfiad de los falsos profetas; se acercarán con piel de cordero, pero por dentro son lobos feroces”

Mateo 7-15, 23.

Nunca pensé que fuera a pasar por debajo de una de esas cintas de colores chillones que se ven en las películas americanas y que delimitan los lugares donde han acontecido crímenes.  Mi estancia en Chicago ha tenido innumerables aspectos positivos, sin embargo me he dado de bruces con una violencia que no conocemos en España. Esta experiencia ha sido muy reveladora.

La primera semana de Octubre un individuo descerrajo un tiro a la cabeza a un chaval que iba corriendo por Loyola Park, uno de los parques paralelos al Lago Michigan del barrio donde vivía, Rogers Park. Minutos después pegó otro tiro en la cabeza a un hombre que paseaba su perro. Un día antes había estado paseando exactamente por ese lugar. Hubiera podido ser yo. La policía todavía no ha detenido al criminal. De hecho, los crímenes que se resuelven (Murderer clearance) en Chicago no llegan al 20% de acuerdo con un análisis de los registros de la policía por el “Chicago Sunday Times”. Sí,  digo bien, menos del 20%. Para ser exactos, el 17,5%.

Pero hay más. Un mes después, aproximadamente a la hora del “lunch” (almuerzo) el director del grupo de investigación donde trabajaba entró repentinamente en mi despacho. Había alarma del tiroteo. Cerramos la puerta con llave, bajamos las persianas  y permanecimos en silencio 20 minutos mientras escuchábamos las sirenas de la policía y estábamos atentos al canal de la Universidad que informaba en tiempo real de lo que sucedía.  Mi compañera se lamentaba en inglés, ¿por qué pasan estas cosas? ¿Por qué pasan estas cosas? No era ninguna broma. Hubo un tiroteo en una escuela pública a pocos metros del campus. En esta ocasión no hubo muertos. Pero varios días después mataron a dos adolescentes justamente en la estación donde me apeaba del tren para llegar al Instituto Tecnológico de Illinois.

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Una semana antes de volver, hubo un asesinato múltiple a unos 1000 metros del campus. Un hombre despechado asesinó a balazos a una médica, su expareja, de un hospital próximo. Posteriormente entró en el hospital y acribilló, si no recuerdo mal, a otras dos personas antes de ser abatido. Desde el despacho podía oír los helicópteros y el despliegue policial, militar diría porque había hasta tanquetas. El campus de mi instituto estaba protegido por una fuerza policial que ya lo quisieran muchas localidades en España. Más de una vez he visto a la policía con armas largas en las esquinas del campus. En solo tres meses he estado más cerca de escenarios criminales en Chicago que en el resto de mi vida en España.

Y es que Chicago, con una población un poco menor que la de Madrid, tiene una tasa de homicidios 40 veces superior. Es que el estado de Virginia, por poner un ejemplo de otro estado de los EEUU, con una población exactamente igual que Andalucía tiene una tasa de asesinatos 5 veces superior, y es de los mejores estados de los EEUU. Y no hablamos de violaciones y otros delitos… En España mueren por homicidio o asesinato cerca de 300 personas al año, un 30% menos que hace 30 años. Sólo en Chicago murieron asesinadas 762 personas en el 2016. ¡Sí,  en una sola ciudad de los EEUU, Chicago, mueren asesinadas 400 personas más que en toda España! Repito, para los que les cuesta escuchar. ¡Sí,  en una sola ciudad de los EEUU, Chicago, mueren asesinadas 400 personas más que en toda España!

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España es de los países más seguros del mundo. Tiene  una tasa de asesinatos del 0.63 por 100.000. Bélgica presenta una tasa de 1.83 y es de los mejores de Europa. De EEUU o México ni hablamos. Por eso, si alguien te dice que no se puede salir a la calle (sea hombre o mujer) miente. Miente y es un manipulador. Y si no utilizas la razón para defenderte te estás dejando manipular, o simplemente escuchas lo que quieres escuchar. Si recibes un tweet diciendo que en España los asesinos entran por una puerta y salen por otra, miente y te está intentando manipular. España tiene una tasa de encarcelamiento más de un 30% por encima de la media de Europa. Muchos países con más porcentaje de crímenes tiene menos gente en las cárceles. Si te llega un mensaje afirmando que la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas, miente, y te está intentando manipular. En el año 2017 la Fiscalía General del Estado informó que solo el 0.01% de las denuncias encuadradas en ese tipo legal eran falsas.

Evidentemente es normal que nos indignemos ante episodios particulares y que, a partir de éstos, intentemos mejorar para que se repitan lo menos posible. Ahora bien, no debemos transformar un episodio en categoría y usarlo con intereses políticos mediante afirmaciones falsas.

Si alguien utiliza palabras muy cargadas emocionalmente que te alteran fácilmente en un sentido u otro, sospecha porque probablemente sea un falso profeta, un manipulador de las mentes, un político corrupto que quiere salvar su cuello o atrapar en su red de mentiras a ciudadanos en su beneficio. Patria, humillación, traición, enemigo, nación, revolución, pueblo… Éstas son algunas de las palabras que se vienen repitiendo en las últimas semanas que deben ponerte alerta ante los falsos profetas.

Sí, ya sé que utilizar la razón es complejo, cansado. ¿Quién de nosotros va a ocupar tiempo y esfuerzo en contrastar con datos una afirmación que confirma nuestras ideas previas? Tendemos a escuchar sólo lo que nos interesa y a filtrar aquello que amenaza nuestras convicciones. Es como subir por la escalera teniendo un ascensor. Y probablemente la estupidez sea igual de difícil de erradicar que la obesidad. Pero si no hacemos un esfuerzo, si no subimos las escaleras de la razón y la lógica cuando nos ofrecen sibilinamente guiarnos por las emociones, si nos dejamos manipular por aquellos que quieren acabar con la civilización en su beneficio, estamos perdidos. Es más, estaremos perdidos y nos lo mereceremos. Llegará el momento que no habrá vuelta atrás.

La civilización y el orden democrático son muy vulnerables, de hecho no son naturales, lo natural es que sean la fuerza bruta, la venganza y los instintos los que guíen nuestra conducta. En otros momentos de la historia la civilización ha colapsado en pocos años. En esos casos, el derrumbe de la convivencia viene precedido siempre de la tergiversación sistemática del lenguaje, de su uso como instrumento de poder y no como una herramienta para acordar espacios de objetividad. El verbo inflamado siempre anuncia el desastre. Justo lo que está pasando ahora. Visitar las redes sociales, leer los periódicos, pero sobre todo oír a  nuestros políticos y políticas (quizás debiera decir agitadores y agitadoras) da miedo y resulta vomitivo (al menos para aquellos que seguimos subiendo las escaleras).

Hagamos un último esfuerzo. Resistamos. En caso contrario todo estará perdido y habrá que empezar de nuevo después del desastre.

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